Lacería de Pedro Parcet

Lacería de Pedro Parcet

20091111

Visión artística del paraíso islámico

«Los árboles con flores aromáticas y llenos de fruta madura desempeñan un papel esencial.»
Los árboles con flores aromáticas y llenos de fruta madura desempeñan un papel esencial en las descripciones literarias del paraíso islámico. La palmera ocupa un lugar especial en ellas. Una tradición la describe como la tía del hombre, creada con la arcilla sobrante tras la creación divina de Adán. Otra cuenta que el Profeta Mahoma asociaba la palmera al paraíso. También se hacen referencias al granado y al místico tuba, un árbol de la vida semejante al ciprés y situado en el centro del paraíso.

«En los mosaicos hemos representado lo que hemos hallado en el Corán sobre los árboles y palacios del paraíso.»
Las representaciones literales del jardín del paraíso no son comunes. Un ejemplo es el deslumbrante ciclo en mosaico del patio de la Mezquita Omeya de Damasco (siglo VIII). Muestra un paisaje ideal con un río sinuoso y una serie de palacios y sofisticados edificios. Este ciclo visual está basado en las descripciones del Corán, como señala la declaración que ha llegado hasta nuestros días de uno de sus autores: «En los mosaicos hemos representado lo que hemos hallado en el Corán sobre los árboles y palacios del paraíso. Y cuando un obrero ejecutaba un árbol de una manera especialmente bella, el califa Umar le daba 30 dirhams de recompensa».

«Las imágenes del paradisiaco árbol de la vida evocan la exuberancia, la abundancia de frondosas ramas que dan sombra y la fertilidad.»
Con frecuencia, el concepto del árbol de la vida paradisiaco se representa en el arte islámico sin hacer referencia a un tipo de árbol específico. Sus estilizadas imágenes siempre evocan la exuberancia, la abundancia de frondosas ramas que dan sombra y la fertilidad. A veces, la imagen del árbol se sustituye por un lujoso jarrón que contiene un abundante y colorido ramo de flores. Este motivo es preislámico y se remonta al concepto helenístico de la fuente de la vida. Recuerda tanto a las costosas ostentaciones florales en las arcadas de los pabellones de jardines islámicos como al deleite floral del jardín del paraíso.

Cuando las flores no se representaban con realismo, a menudo aparecían como diseños más o menos fantásticos que realzaban al máximo el exterior de edificios u objetos. Estas composiciones florales podían ser tan intrincadas que distraían la vista de las formas que decoraban e incluso llegaban a ocultarlas. Los edificios y objetos parecían tapados por los diseños florales esculpidos, pintados o aplicados que, aunque principalmente decorativos, ofrecían también a las mentes espirituales la oportunidad de contemplar la eterna complejidad del universo, que emanaba de su Creador, Allah, y en Él culminaba.